El cantante se ha convertido en una de las figuras más llamativas de las ‘midterms’ en Texas. En entrevista con EL PAÍS ha contado que su campaña llegó incluso a comunidades que no veían a un demócrata desde hace una década
Antes de ser candidato a representante en el Congreso por Texas, Bobby Pulido ya había recorrido las comunidades de su distrito fronterizo. Lo hizo durante 31 años como cantante de música tejana y regional mexicana, ofreciendo conciertos solo y con su padre, el legendario músico Roberto Pulido. En el sur de Texas, todo el mundo conoce al intérprete: han crecido con su éxito Desvelado, han bailado y se han enamorado con Se murió de amor. Pero desde hace un año, Pulido mostró una nueva faceta, que algunos apoyan sin dudar, pero que otros aún evalúan como opción en la boleta de las elecciones de medio término: la de político.
“Quiero pensar que la política está en la sangre”, dice Pulido a EL PAÍS, un día antes de su último concierto a casa llena en el centro Bert Ogden, en Edinburg, su ciudad natal, a 26 kilómetros de la frontera con México. José Roberto Pulido Jr, su nombre completo, es bisnieto de un exalcalde de un pueblo de Nuevo León, sobrino de un exjuez de condado y de un exprocurador, pero asegura que no quiere que su carrera política tenga influencias: “Estoy formando mi propio camino, haciendo mucha campaña de campo, en la tierra, con la gente, en la calle”.
Pulido, que estudió unos años de Ciencias Políticas en una universidad en San Antonio, también suele distanciarse de los partidos. Aunque es el candidato demócrata por el disputado distrito 15 de Texas, que baja desde los condados rurales al este de San Antonio hasta el Valle del Río Grande, asegura que no compite para cambiar a azul un Estado tradicionalmente rojo republicano: “No estoy hablando de colores, sino de cosas que son importantes para la gente”. Dice que como candidato ha visitado comunidades en condados del norte del distrito en las que le han dicho que tienen 10 años sin ver a un demócrata.
La contienda que pelea Bobby Pulido es clave para su partido, que quiere marcar presencia en Texas. En 2024, los latinos del distrito 15 −80% de su población− votaron mayoritariamente a favor de los republicanos y de Donald Trump. Lo hicieron molestos por la llegada en altos números y sin control de migrantes por su frontera y porque creyeron en la promesa de Trump de que mejoraría la economía. Muchos de esos latinos, principalmente de origen mexicano, son fans de Pulido.
Aunque la encuesta realizada para EL PAÍS por el Centro de Investigación y Encuestas de Políticas Públicas Barbara Jordan, de la Texas Southern University, le da una ventaja cómoda frente a la candidata republicana, Monica De La Cruz, el tejano de 53 años le dijo el viernes pasado a sus seguidores en un mitin en McAllen −donde cree que están sus votantes más decididos− que necesita todos los votos: “No puedo hacerlo solo. Si ustedes no votan y no llevan a otros a votar, podemos perder esta contienda”.
En la entrevista reconoció que aunque hizo campaña en el norte del distrito, es probable que no gane en esa zona: “No tienen ni Partido Demócrata en algunos de estos condados (…) Llevo desde el año pasado yendo, pero nunca es suficiente”.
El que Pulido logre que el distrito 15 cambie de manos representaría un giro significativo en un Estado donde los republicanos duplican en escaños a los demócratas en la Cámara de Representantes: tienen 24 y los demócratas, 13. Este es además uno de los distritos que el llamado GOP rediseñó recientemente con el objetivo de afianzarse.
Texas ha asomado en estas midterms como un lugar con contiendas mucho más reñidas que en elecciones previas, en medio de la baja popularidad del presidente y el desgaste por algunas de sus políticas emblemáticas. En la recta final de las campañas, las encuestas dan una ventaja a los demócratas, que podrían arrebatarle entonces el control del Congreso a los republicanos en la segunda mitad de este mandato de Trump.
Uno más del distrito
Pulido se autodefine como un político conservador, “chapado a la antigua”; que apoya una frontera segura, que posee armas y ama a Dios. Cuatro rasgos que definen a los habitantes de esta zona.
Y los tejanos del distrito consultados por EL PAÍS en McAllen y Edinburg también lo ven como uno de ellos, porque comparten los mismos problemas: ni ellos ni su candidato tienen seguro médico, porque no pueden pagarlo; sienten que los aranceles han encarecido la vida; creen que las políticas migratorias del presidente Donald Trump “se han pasado de la raya” y que es necesaria una reforma migratoria.
“Si no yo, ¿quién? Tiene que incluir protección permanente para los que llevan años aquí sin cometer ni un delito“, responde el candidato cuando se le cuestiona por qué está tan seguro de que podrá lograr esa reforma, que organizaciones y políticos de ambos bandos han reclamado por décadas, pero que siempre se ha estancado en el Congreso.
Pulido asegura que hablar español también lo acerca a su electorado. “Es una zona bilingüe, donde hablamos mucho español”, asegura a EL PAÍS. “Bueno, la mayoría, mi oponente no”, agrega al referirse a De La Cruz.
En el centro Bert Ogden, Edith Delgado, una votante de 54 años, y Maxi Tijerina, de 62, caminaban hacia sus sillas para escuchar el último concierto de Pulido. Lo conocen desde niño, cuando cantaba con su padre. Ambas creen que como candidato las representará.
También están molestas con las detenciones de familias en su comunidad: conocen al menos a 10 personas detenidas por los agentes migratorios en su barrio o deportadas. “Es muy seguido y nos ha tocado mirar. Antes escuchabas casos alejados”, dice Delgado. Esta queja es recurrente en la zona.
“El seguro médico es otro problema. Yo tuve hasta hace dos años. Es muy costoso”, cuenta Delgado. Tijerina está en la misma situación. Pero aunque reconocen las coincidencias con Pulido, Delgado aún quiere saber más de sus propuestas de campaña antes de asegurar que le dará su voto.
Tijerina está segura: “Es mi gallo”, dice. Cuenta que su esposo, que tiene un grupo musical, quedó sorprendido en dos ocasiones recientes cuando Pulido llegó a una fiesta de quinceañeras y a un centro de adultos mayores en el que cantaban y les pidió acompañarles. “Los saludó como si se conocieran de siempre. Es muy sencillo, el señor”.
La despedida
En el último concierto de Pulido en el centro Bert Ogden no faltaba nadie. Sentados en las primeras mesas estaban los cuatro hijos de Bobby Pulido: Remy (30 años), Darian (28), Tray (21) y el pequeño Rodrigo (7), que hacía muecas a la cámara cuando lo grababan. También estaban sus padres, su esposa Mariana Morales, su mánager y tío, Jimmy Morales.
Después de 31 años de carrera musical, con nominaciones y reconocimientos −como dos premios Latin Grammy−, agradeció a cada uno de ellos por el tiempo que le concedieron para que él pudiera consolidarse como músico.
“La gente me pregunta si me entristece dejar la música y claro que me pone emotivo, pero dejo la música sin arrepentimientos y con un corazón lleno de agradecimiento”, dijo a sus fans y, a menudo, se le quebró la voz. La arena estaba casi llena de mexicanos estadounidenses, pero también de migrantes indocumentados y con estatus legales, pero cuestionados por el Gobierno de Trump, que no tuvieron miedo de presentarse.
En un año de campaña, Pulido contó que en su cabeza también retumbó varias veces la pregunta de por qué estaba dejando la música. “Haber viajado alrededor del sur de Texas me recordó por qué lo hice”, dijo al público, casi sin poder terminar la frase. Entonces, explicó que en su recorrido conoció a gente que trabaja duro y no puede pagar sus cuentas; a padres preocupados por sus hijos; a abuelos que no pueden pagar sus medicinas; y a jóvenes que se preguntan si algún día podrán comprarse una casa.
Mientras decía eso, en el escenario le escoltaban decenas de músicos de todas las edades, con acordeones o cantantes. “Hice música para mí, pero estoy compitiendo para llegar al Congreso por ustedes. Si me dan el honor de representarlos en el Congreso, les doy mi palabra esta noche de que nunca me olvidaré de dónde vengo”, les dijo.
Y se despidió de la música cantando a cappella y luego, acompañado por los músicos en tarima, con uno de sus mayores éxitos musicales: Desvelado.
Fuente: El Pais













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