La investigación ha sido publicada en la revista Alcheringa: An Australasian Journal of Palaeontology
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Un equipo de científicos de Australia y Nueva Zelanda ha descubierto en una cueva cercana a Waitomo, en la isla Norte de Aotearoa (Nueva Zelanda), un importante conjunto de fósiles con alrededor de un millón de años de antigüedad. Entre los restos destaca el hallazgo de un posible antepasado del kākāpō, el conocido loro no volador.
El yacimiento reúne fósiles de 12 especies de aves y cuatro especies de ranas, lo que permite reconstruir cómo eran los ecosistemas de la región en ese periodo. El estudio, publicado en la revista Alcheringa: An Australasian Journal of Palaeontology, apunta a que la fauna del país estuvo marcada por intensos cambios climáticos y grandes erupciones volcánicas, que provocaron extinciones repetidas y la aparición de nuevas especies mucho antes de la llegada de los humanos.
Paul Scofield, paleontólogo: “Las extinciones fueron provocadas por cambios climáticos relativamente rápidos y por erupciones volcánicas catastróficas”
El profesor asociado Trevor Worthy, de la Flinders University, destacó la relevancia del hallazgo al afirmar: “Se trata de una avifauna recién identificada para Nueva Zelanda, que fue sustituida por la que encontraron los humanos un millón de años después”. Además, añadió que “nuestros antiguos bosques albergaban en su día un grupo diverso de aves que no sobrevivieron al siguiente millón de años”.
Los restos fueron analizados por investigadores de la Canterbury Museum junto con otras instituciones científicas. Según las estimaciones del equipo, entre un 33% y un 50% de las especies desaparecieron durante el millón de años previo a la llegada del ser humano a la región. El paleontólogo Paul Scofield explicó que las extinciones estuvieron ligadas a cambios ambientales bruscos: “Fueron provocadas por cambios climáticos relativamente rápidos y por erupciones volcánicas catastróficas”.
Entre los descubrimientos más relevantes figura un antiguo pariente del kākāpō que podría haber tenido capacidad de vuelo, además de fósiles de un antecesor del takahē y una especie extinta de paloma relacionada con aves australianas. Los científicos pudieron datar los restos gracias a dos capas de ceniza volcánica que sellaron la cueva, lo que convierte el enclave en el más antiguo conocido de la isla Norte y ayuda a cubrir un importante vacío en el registro fósil del país.
Fuente: MARCA
















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